sábado, 5 de diciembre de 2009

La mayoría de la gente sólo cree que sabe lo que desea

Lo que realmente es necesario es mucho más fácil y mucho más difícil al mismo tiempo. Está en vosotros mismos... es la capacidad de desear.

Aquél que quiera hacer magia tiene que poder dominar y aplicar su capacidad de desear. Pero, para eso, primero tiene que conocer cuáles son sus verdaderos deseos y aprender a manejarlos.


Volvió a hacer una pausa antes de proseguir:

-En realidad, lo único que hace falta es conocerlos de verdad, abierta y sinceramente, pues todo lo demás puede decirse que viene por sí solo. Pero no es tan fácil, ni mucho menos, averiguar cuáles son de verdad los propios deseos.

-¿Y qué es lo que hay que averiguar?- Quiso saber Mug-.Si yo deseo algo es porque realmente lo deseo. ¡Y de qué manera! Pero sólo con eso no puedo hacer magia, ni mucho menos.

-Precisamente por eso es por lo que os hablaba de los verdaderos deseos -explicó el señor Silber-, pues solamente puede encontrarlos quien vive su verdadera historia.

-¿Su propia historia? -preguntó Mali- ¿Es que cada uno tiene una?

Aquí está el meollo de la cuestión, a lo que yo quería llegar:

-No, cada uno no, ni mucho menos -respondió suspirando el profesor-, aunque aquí, en Deseolandia, salimos relativamente bien parados. Pero fuera de aquí, en el mundo cotidiano, la mayoría de la gente jamás vive su propia historia. Tampoco le conceden ninguna importancia a eso. Lo que hacen y lo que les ocurre lo podría hacer cualquier otro y le podría ocurrir a cualquier otro ¿No es así? -dijo volviendo su mirada hacia mí, que estaba en el último banco.

Asentí, sorprendido, y me puse un poco colorado.

-Y por eso -añadió el señor Silber retomando su discurso- jamás se les ocurre descubrir sus verdaderos deseos. La mayoría de la gente solo cree saber lo que desea. Uno piensa, por ejemplo, que le gustaría ser un médico famoso, o profesor de universidad, o ministro, pero su verdadero deseo, que él no conoce en absoluto, es ser un simple y buen jardinero. Otro piensa que le gustaría ser rico o poderoso, pero su verdadero deseo es ser payaso de circo. Mucha gente piensa, también, que desearía de verdad que a todos los seres humanos del mundo les fuera bien, que todos pudieran ser felices y vivir contentos, que todos fueran amables con los demás, que triunfara la verdad y reinara la paz... Muchos de ellos se asombrarían si conocieran sus verdaderos deseos. Sólo creen que desean todo eso porque les gustaría verse a sí mismos como personas virtuosas o buenas. Pero el que de verdad les guste no significa obligatoriamente que lo deseen de verdad. Sus deseos reales se orientan a menudo hacia otras cosas completamente distintas; incluso a veces justamente hacia lo contrario. Por eso jamás están real y completamente de acuerdo consigo mismos. Y como los deseos ajenos son de historias ajenas, ellos jamás viven su propia historia. Y por eso, naturalmente tampoco pueden hacer magia.

[...]

Los niños guardaron silencio y pusieron caras pensativas.

-Y ahora -prosiguió el señor Silber- os voy a enseñar la primera y más importante regla de la capacidad de desear:

Se levantó y escribió en la pizarra:


1. Sólo puedes desear realmente aquello que consideras posible.
2. Sólo puedes considerar posible aquello que forma parte de tu historia.
3. Sólo forma parte de tu historia aquello que verdaderamente deseas.


Michael Ende

1 comentario:

Fátima dijo...

fai pensar eh...moito. e ten rason...aljun día leerei un libro de este home